Con motivo del Día Internacional de la Mujer, desde la Asociación de Mujeres Profesionales de la Insolvencia queremos poner en valor el talento, la trayectoria y el liderazgo de mujeres que han contribuido de forma decisiva al desarrollo del ámbito jurídico y, en particular, al mundo de la insolvencia.
En esta ocasión tenemos el honor de conversar con nuestras socias de honor, Dª Bárbara Córdoba y Dª Cayetana Lado, dos juristas de referencia cuya trayectoria profesional refleja excelencia, vocación de servicio público y una constante capacidad de adaptación a los nuevos retos del ejercicio jurídico.
Tras una brillante carrera en el ámbito público —como magistrada y como abogada del Estado, respectivamente— ambas han iniciado recientemente una nueva etapa profesional en la abogacía de despacho, aportando su experiencia y visión a la práctica privada.
En esta entrevista compartimos con ellas algunas reflexiones sobre su recorrido profesional, los avances en materia de igualdad en el ámbito jurídico y los consejos que ofrecerían a las nuevas generaciones de profesionales.
Entrevista a Dª Bárbara Córdoba
1. El ejercicio del Derecho suele exigir un alto grado de dedicación. Desde su experiencia, ¿qué consejo daría a las jóvenes que desean desarrollar una carrera profesional exigente sin renunciar a su proyecto de vida personal?
Les diría que no se dejen arrastrar por la falsa idea de que una carrera jurídica brillante implica no tener vida personal. Es cierto que el Derecho exige dedicación y un estudio constante, pero también enseña a priorizar, a organizarse y a poner límites. Mi consejo es que no renuncien a nada que sea esencial para ellas: ni a su vocación ni a su vida personal. Ambas cosas pueden convivir si se gestionan con realismo, flexibilidad y una buena red de apoyo. Y, sobre todo, que no se sientan culpables por quererlo todo. Es legítimo y es posible.
2. Tras una larga trayectoria en el sector público, ha iniciado recientemente una nueva etapa en la abogacía de despacho. ¿Qué le motivó a dar este paso y qué está descubriendo en esta nueva fase profesional? ¿Por qué cree que hay pocas mujeres que den este paso?
Después de 22 años como magistrada, sentí que había cumplido un ciclo y que necesitaba buscar nuevas motivaciones fuera de la carrera judicial. Me movió la necesidad de seguir creciendo, de enfrentarme a nuevos retos y aportar mi experiencia desde otra perspectiva.
La abogacía de despacho me está permitiendo redescubrir el Derecho desde un ángulo más estratégico, más creativo y cercano al cliente. Cuando llego cada día a trabajar, sé que me encontraré con algo nuevo, que me exigirá estudio y reflexión y eso, para mí, es motivador y que quiera dar lo mejor de mí misma.
Creo que hay pocas magistradas que no se han animado todavía a dar el salto al sector privado porque durante mucho tiempo se nos ha transmitido la idea de que la estabilidad del sector público es “lo sensato”, especialmente cuando se tienen cargas familiares. Pero las mujeres también necesitamos libertad para decidir sin condicionantes externos y tenemos que saber que, cambiar de rumbo, no sólo es posible, sino enriquecedor.
3. A lo largo de su carrera, ¿ha habido personas o referentes que hayan influido especialmente en su desarrollo profesional?
Sí, muchas. He tenido la suerte de coincidir con magistradas y magistrados que me enseñaron que la excelencia no está reñida con la humanidad. También he aprendido de mujeres que, sin ocupar grandes titulares, trabajan cada día con rigor, discreción y con una ética intachable. Y, por supuesto, de mis compañeras más jóvenes, que me recuerdan cada día la importancia de cuestionarlo todo y de no acomodarse nunca.
4. ¿Qué valores considera fundamentales para construir una carrera sólida y, al mismo tiempo, mantener el equilibrio personal?
Para mí, hay unos valores que son esenciales y que trato de aplicar tanto en mi vida profesional como en la personal:
• Integridad: trato de actuar con coherencia, responsabilidad y autenticidad, manteniendo los mismos valores éticos y mi mismo compromiso en todo lo hago.
• Disciplina: siempre he pensado que, para triunfar, vale más la voluntad que la inteligencia. Es cierto que, en ocasiones, ese compromiso constante con el trabajo, con las cargas familiares, con las relaciones sociales, con nuestro propio bienestar, etc. puede ser estresante y nos genere la sensación de no llegar a todo o de no hacer las cosas bien. Pero es importante que, en esos momentos, paremos y reflexionemos. Debemos saber que el éxito personal, familiar, social, etc. sólo lo conseguiremos si ponemos «orden» y «límites». Para vivir en plenitud y dar lo mejor de nosotras mismas, es necesario encontrar un justo equilibrio entre lo profesional y lo personal.
• Humildad: es la llave esencial para seguir aprendiendo siempre.
Y yo añadiría algo más: ser buenas personas. En un entorno tan exigente como el jurídico, hay que saber relativizar, escuchar y ponerse siempre en la piel del otro.
5. Si pudiera dirigirse a la joven profesional que fue al inicio de su carrera, ¿qué consejo le daría hoy?
Le diría que confíe más en su criterio e instinto, y que el miedo no te puede impedir avanzar ni tomar decisiones, que éstas se deben tomar desde la convicción. Y, por supuesto, que no se exija tanta perfección: que la excelencia no es hacerlo todo impecable, sino hacerlo con honestidad, con rigor y con pasión.
6. En los últimos años se han producido avances relevantes en materia de igualdad en el ámbito profesional. Desde su perspectiva, ¿cuáles considera más significativos y qué retos siguen pendientes? ¿Dónde deberían concentrarse los esfuerzos en la próxima década?
Hemos avanzado en visibilidad, en presencia y en conciencia colectiva. Ahora se habla de la igualdad con naturalidad y las nuevas generaciones ya lo viven como un derecho propio e irrenunciable. Con todo, aún queda mucho por hacer: la corresponsabilidad debe ser real, así como la igualdad en el acceso a puestos de decisión, igualdad en política retributiva y la eliminación de sesgos que siguen operando de forma silenciosa.
En la próxima década deberíamos concentrar esfuerzos en dos frentes:
• Conseguir que la igualdad no dependa de voluntades individuales, sino que esté ya implementada en la conciencia colectiva y en la estructura de las empresas.
• Acompañar a las nuevas generaciones, para que no hereden inercias del pasado que ya no tienen sentido y puedan vivir esa igualdad en plenitud, como algo real.
Conseguir esos objetivos, exige constancia, perseverancia y valentía, pero es la única manera para que hombres y mujeres podamos disfrutar de una vida personal, familiar y profesional plena y exitosa, sin renuncias.
Comentarios recientes